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El albergue Hermanos en el Camino, en Ixtepec, Oaxaca, es un jardín sobre un yacimiento de oro. Las flores son los migrantes que ahí llegan de Guatemala, El Salvador, Nicargua, de todo Centroamérica y del sur de México con rumbo al país de las barras y las estrellas, en busca de una mejor vida.

El padre Alejandro Solalinde y la directora del documental El Albergue, Alejandra Islas. foto: Héctor Jesús Hernández

De ese jardín ya hay un documental: El albergue, de la directora Alejandra Islas. Pero también tiene jardinero. Se llama Alejandro Solalinde. Un párroco que ha desafiado a la Iglesia misma, a las amenazas de gobiernos como el de Ulises Ruiz y a las del propio crimen organizado.

“Hubo una lucha tremenda del gobierno de Ulises Ruiz para quitar el albergue a como diera lugar. Entonces entendí que el albergue está en un lugar importantísimo que impide el negocio de todas las formas ilícitas posibles con los migrantes, son la materia prima de un negocio enorme millonario, en dólares, en volumen y son también clientes cautivos. Cuando me di cuenta de eso, descubrí que está en un lugar crucial de norte a sur, hay tráfico de armas, de Sur a Norte, hay tráfico de droga, del Pacífico a Golfo, el cruce de esto y de personas, trata con fines de explotación y el negocio de secuestros masivos, se generan ganancias de más de 25 millones de dólares”, describió Solalinde.

El albergue, proyectada en el marco de la 27 edición de la Festival Internacional de Cine de Guadalajara (FICG) encierra cada una de esas flores, historias de migrantes que llegan al lugar donde Solalinde ofrece comida, techo y compasión al que viaja en el tren, en la llamada bestia, en aras de salir de países llenos de pobreza y violencia.

Sólo en 2010, según datos de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), se registraron más de 10 mil secuestros de migrantes. Desde 2007 a la fecha, Hermanos en el Camino ha visto desfilar más de 300 mil migrantes. Algunos se quedan, otros se regresan, la mayoría no tienen otra cosa en mente más que alcanzar el sueño americano. Según Solalinde, lo logran. Los que más llegan, añade, son los guatemaltecos.

“A mí (Solalinde) me inspiró mucho desde el momento en que le conocí. Yo no sigo la religión católica pero me causó gran impacto. Cuando me llevaron a conocerlo, sólo a conocerlo, en la forma en que me presentó a los migrantes, me di cuenta que estaba dando la vida y el corazón”, relata la directora de El albergue, Alejandra Islas.

En el documental se aprecian las historias de hombres de rasgos indígenas en su mayoría, de tez morena, de esperanzas. Una mujer y un hombre parten desde Centroamérica y llegan a Hermanos en el Camino. Un padre y su hijo, igual. Otra mujer llega mutilada de una pierna luego que le pasa el tren encima, su pareja la deja, se queda en el albergue, parte a Monterrey, conoce a un hombre y se enamora. Historias del Sur que llegan al Norte. A veces cruzan el río Bravo. Otras no. Relatos fuertes también de cómo narcos, polleros, secuestradores, juegan con la desesperanza humana. Narraciones que en ocasiones terminan en muerte.

“Me di cuenta que estaba en un lugar atractivo para la delincuencia organizada, entendiendo ésta como la conformada por politicos, funcionarios, corporaciones policiacas, servidores públicos corruptos”, agrega Solalinde.

Fue así como el sacerdote llegó a la comparación. El albergue es como un jardín, sobre ese yacimiento petrolero que significan todas las formas posibles de explotacion del migrante. Las flores que son ellos, no les interesan, pero mucho menos el jardinero, quieren quitarlo a como dé lugar para que puedan explotar ese yacimiento impunemente. Eso no ha sido posible porque una y otra vez que han intentado hacerlo, no han podido. Tengo que reconocer que cada vez que me he jugado la vida pienso si será la última oportunidad de defender a los migrantes”, concluye Solalinde.

Tomado de La Jornada Jalisco el 19 de marzo de 2012

Para ver: http://www.lajornadajalisco.com.mx/2012/03/10/el-albergue-la-historia-de-lucha-y-esperanza-del-jardinero-solalinde-y-las-flores-migrantes/

“El albergue es como un jardín sobre un yacimiento petrolero, a ellos les interesa el petróleo, no el jardín. Quieren cortar a las flores que son los migrantes y buscan también al jardinero”. – Sacerdote Alejandro Solalinde

¿Se han preguntado alguna vez qué está pasando con el mundo, con el ser humano, con su entorno y más?… debo confesar que yo me he preguntado esto muchas veces y el pasado 9 de marzo vi una de las mejores caras de un humano retratada en un documental de 86 minutos, creado principalmente por Alejandra Islas, la directora del film.

La sinopsis oficial nos cuenta: Frente a las vías del tren, el sacerdote Alejandro Solalinde funda y construye un albergue en Ixtepec, Oaxaca para dar refugio y alivio espiritual a migrantes centroamericanos. La lucha de Solalinde se entrecruza con las cambiantes vidas de mujeres y hombres que movidos por la fe y la necesidad de un trabajo digno, aguardan el momento de desafiar los peligros de su viaje al norte.

Y efectivamente, tal como lo dicen las líneas anteriores, éste documental nos muestra la incansable lucha del padre Alejandro, un sacerdote como quizá otros tantos que se preocupan por ayudar realmente al prójimo, por “amar hasta que duela”, como decía una gran y espiritual mujer; la madre Teresa de Calcuta. Él, siempre pulcro en su vestir y en su actuar, vigila la llegada de los trenes cargados de sueños y esperanza en cada una de las personas que viajan ahí arriesgando sus vidas, al estar en un vehículo nada apto para transportar personas. Una vez que se topa con todos esos migrantes de diversos países del sur de América los invita a pasar al albergue “Hermanos en el camino” que él mismo fundó, donde encontrarán un lugar “sin comodidades”, como dice el padre, pero con comida, con un lugar dónde bañarse, lavar su ropa y por supuesto descansar.

Muchas de las personas no pueden detenerse en el albergue, con trabajos escuchan al padre, todo porque van comprometidas con un “pollero” o “coyote” que son personas que trafican con otras personas y que al parecer les ofrecieron ayudarlos a llegar al destino que sueñan, pero, la realidad será muy diferente, pues en el mejor de los casos, por decirlo de algún modo, solo los secuestrarán hasta que paguen lo que deben por el servicio de ayudarlos a cruzar las fronteras, en el peor de los casos, serán secuestrados, torturados, extorsionados, vendidos (para negocios sexuales o tráfico de órganos) e incluso asesinados, todo esto no solo fraguado por grupos delictivos, sino por la misma policía e incluso el ejercito, solapado por los maquinistas de los ferrocarriles e ignorado por el resto de la sociedad.

Los que logran evitar a los “polleros”, por lo general visitan el lugar ofrecido por el padre Solalinde,  ahí su historia cambia un poco; se les ofrece un lugar seguro dónde descansar, pues como dijo uno de los migrantes entrevistados para el documental: “al subirse al tren uno debe estar con sus 5 sentidos bien, porque si me duermo, puedo morirme”. Se les ofrece también comida, ropa, se les asesora sobre los peligros que pueden encontrarse en el camino y acerca de rutas alternas más seguras, además se les toma una fotografía, sus datos e incluso pueden llegar a llamar a sus familiares; aparte de todo lo anterior, hay a quienes se les ofrece ayuda para regular su situación migratoria, para que al menos en México su situación sea legal.

Muchos son los migrantes que continúan su camino tras unos días en el albergue, otros ante los innumerables peligros deciden mejor regresar a su país y tal como les dice el padre Alejandro “no renuncian a su sueño de algo mejor, solo buscan otra alternativa” para no arriesgar “lo único que tienen… la vida”, según comentó uno de los entrevistados.

Es cierto que de muchos de los migrantes que salieron en el documental y que han pasado por el albergue se sabe poco o nada, pero de otros, la historia ha sido diferente, cumplieron su objetivo de una vida mejor, pues según señalan “un migrante nunca se va por gusto, se va por la necesidad de encontrar algo mejor que no hay en su país”, para muestra está Beto, un migrante guatemalteco que tras haber sido asaltado decidió quedarse en el hogar fundado por Solalinde, ahora trabaja ahí, está a punto de ingresar a la Licenciatura en Ciencias Políticas en la Universidad Nacional Autónoma de México y su futuro pinta bien.

Éste documental se inició por “azares del destino” como menciona Alejandra Islas, la directora, pues aunque estaba trabajando en otro proyecto fue invitada a conocer la labor del padre Alejandro, aceptó la invitación por curiosidad y el mismo día en que llegó al albergue inició el documental al quedar impactada por la energía que irradiaba el sacerdote. Inició en el 2008 y terminó justo éste año, mismo en el que inicia su peregrinar por festivales, siendo el primero el Festival Internacional de Cine de Guadalajara.

El cine es arte, el cine es cultura, pero también es un medio para hacer llegar un mensaje al mayor público posible;  es por eso que finalizamos con una frase del padre Alejandro que hasta la fecha sigue dando vueltas en mi cabeza, como muestra de su incansable espíritu: “seguiré poniendo denuncias aunque nadie me escuche”. A título personal añado que espero sea escuchado por muchas personas más.

Tomado de http://www.cortosverdes.com el 19 de marzo de 2012

Para ver: http://letrasanonimas.com/?p=2020

http://www.cortosverdes.com/index.php/contenidos/estructura-del-sitio/75-inicio/divisiones/secciones/entrevistas/379-documental-el-albergue